jueves, 1 de noviembre de 2012

Jueves de Retrum (I): Fanfic de Cotito

Daniela (mas conocida como Cotito para los bloggeros) me mandó hace unos días un correo con su genial fanfic, y tengo que darte la enhorabuena querida, escribes de forma muy intensa y con mucho sentimiento y has logrado plasmar la esencia de Retrum. Pero no diré mas hasta que se dé el fallo del concurso, que espero sea pronto... 

Aquí os dejo con el fanfic, disfrutadlo! 

No estoy Vivo

Hacía ya algunos días que te habías ido, días en los que debía volver a acostumbrarme que las personas no permanecerían jamás demasiado tiempo junto a mí, era algo a lo que tenía que adaptarme y a lo que con el tiempo me había dado cuenta que resultaba imposible. Sabía que era yo quien causaba aquello, algo mal estaba conmigo y era tiempo de comenzar a aprender que debía alejar a las personas de mí y era la única razón por la que había aceptado aquel viaje, tenía que proteger a mi padre. Era lo mejor para ambos y creo que muy dentro, él también creía lo mismo. Sabía que me amaba, pero era lo que “teníamos” que hacer. Que era lo que debí haber hecho cuando nos conocimos aquel día, pretendí y quise convencerme que una vida entre los dos podía ser posible.

Alcé el rostro cuando la pared de piedra se hizo visible justo frente a mí y fruncí el ceño ante lo rápido que había llegado al lugar. Me sabía el camino de memoria, había ido tantas veces a ese lugar desde el regreso de Londres, que no sabía cuál era el motivo del asombro, pero luego comprendí que no era asombro sino más bien era solo temor a la razón por la cual había acudido a ese lugar y que me hacía desear dar media vuelta y desaparecer. Aunque no podía hacer aquello, porque de hacerlo la cadena quedaría abierta y lo que ambos necesitábamos era un cierre definitivo. Mis manos se alzaron y de un salto se afirmaron de la parte superior de la pared, mientras mis pies se apoyaban de los pequeños recovecos que ya se habían acostumbrado a la huella de mis zapatos. Aquellos que tu me enseñaste, a los que tuve que acostumbrarme ya que de otro modo jamás habría podido ser uno más de ustedes.

Salté sin importarme nada, sin preguntarme si al otro lado habría alguien que pudiera descubrirme e impedir mi misión, porque estaba absolutamente consciente que no había alguien allí, lo sabía porque mi cometido estaba destinado a ser cumplido, creí en ello, estaba seguro, por lo que el cementerio mismo se encargaría de ayudarme, por eso sabía que estaría completamente solo, que ni siquiera ellos dos se acercarían. Aquellos que también habían sido parte de tu vida, quizás más importante, claro eso era más que seguro, pero apostaría mi vida a que tu  no habías calado tan profundo en sus corazones como lo habías hecho en el mío.

Caminé entre losas y lápidas de personas que jamás me enteraría quienes eran, pero que para muchas personas eran tan importantes como lo habías sido tu para mí. Caminé sin percatarme que los pequeños pasillos que las tumbas dejaban me habían llevado a aquella misma losa en la que había pasado mi primera noche y en la que había encontrado aquel guante que había sido el culpable de todo esto que había comenzado y terminado en tragedia. Aún podía sentir tu olor en el lugar, era como si tu aroma quisiera dejarme en claro que ese lugar te pertenecía, que aún no estando eras dueña de ese territorio y que ya no se podía hacer nada para cambiar aquello. Como si yo quisiera hacerlo, pensé negando con un movimiento cansado de cabeza. Ya no quería cambiar nada, haciéndolo solo provocaba más tragedias.

Inspiré hondo y me puse de pie sobre la losa ya sin nieve, sin notar si esta tenía hojas, tierra, agua o estaba seca. Ya no podía sentir la temperatura del ambiente, solo frío y me había acostumbrado tanto a él que ya ni me incomodaba, pues después de todo, detalles como ese ya no eran importantes. Necesitaba decirte ciertas cosas, cosas que nunca alcancé a hacer porque se suponía que no te irías tan pronto dejándome con el tiempo agotado, con cosas acumuladas que jamás había querido decirle antes a alguien más o quizás simplemente no las diga y me despida, que es lo se ha convertido en lo más importante. Decirte adiós y no permitir que por mi culpa te mantengas en un estado en el que tu descanso se vea interrumpido por mis lágrimas. No me merecía tu atención y aún no entiendo como la obtuve, pero de algo estoy seguro y es que no merezco mantenerte atada a mí. Te dejaré ir Alexia, lo prometo.

Pero niego cerrando fuertemente los ojos, cuando comienzo a sentir que es imposible. Mis manos se alzan al cielo, están buscando por ti, como si supieran que en cualquier segundo tú las tomarás y no las soltarás jamás, pero no es así, lo sé, lo tengo tan claro y aún así no quiero aceptarlo. Ahora son mis brazos los que se extienden hacia el frente sin hacer caso a mi cabeza, como si sintieran que en cualquier momento se cruzan con los tuyos acercándome a tu cuerpo, para permitirme embeberme de un calor del cual ya no soy capaz de sentir, te llevaste todo y debería odiarte por eso y no entiendo como haces para provocarme todo lo contrario aún cuando no estás aquí. Cuando se supone que nos has dejado en un mundo que no está hecho para nosotros, somos los pálidos, marginados frente a un mundo de personas que se creen vivos, te fuiste convirtiéndote en una más de aquellos que nos entregarán respuestas, pero sabiendo que jamás me permitiré dormir sobre tu tumba por temor a lo que puedas decirme.

Inspiro y ese aroma tuyo hace que te sienta a mí alrededor. No eres nada justa, contaminas el aire que respiro, porque sabes a lo que vengo, porque sientes que al salir de aquí ya no te recordaré, ya no querré tenerte en mi mente, porque sabes que aunque se escuche como la peor de las verdades es lo que ambos necesitamos. Porque quieres que cambie de opinión, pero me ha costado tanto decidirla que ya no puedo dar marcha atrás. Mi ceño se frunce cuando siento que mis dedos te rozan, es como si volviéramos atrás y mis manos se dedicaran a pasearlas por tu rostro en aquel ridículo ritual del que me obligaste a ser parte sin darte cuenta, porque yo no quería, pero acepté por ti. Como cuando me detenía más tiempo del necesario en limpiar aquella blanca pintura, a repasar tus labios cuando los dos sabíamos que ya no había más que limpiar y aún así no te apartabas, solo sonreías y luego de un empujón me sacabas de tu lado. Tengo tantas cosas que decirte que mi lengua baila detrás de mis labios en un reproche a estos por no querer ayudar a hacerlo y los entiendo, porque ya no saco nada. Las cosas no cambiarán ante lo que pueda decir.

Mis brazos vuelven a caer a ambos lados de mi cuerpo, junto con mi alma regañándome por pensar ciertas cosas, cosas que mi mente en contra de mi voluntad creó de los dos y que me engañaron tanto que hasta las creí, pero no lo fueron, al menos no en su gran mayoría. Momentos como cuando te encontré escondida bajo una capucha, guiado por la señal de mi hermano, en el que nuestros labios se unieron por primera vez y en lo que mis distorsionada mente creó un susurro de tus labios, uno que decía que me amabas, que jamás me dejarías y yo como un idiota las creí, cuando sabía tan bien que nunca fueron reales, que solo había sido un beso, claro uno que había desencadenado varias cosas, pero que solo había quedado hasta ahí, guardándose esas palabras que tanto deseé oír y que yo tampoco me atreví a pronunciar.

Dejé caer mi cuerpo y me sentí cansado. He vuelto a ir a ese lugar. A ese que mi hermano me indicó que fuera y en el que te encontré. He ido varias veces, pero no es lo mismo. No se siente nada parecido a lo que es estar aquí. Porque este lugar me da algo que ningún otro a podido entregarme. ¿Sabes lo que es estar congelado y que de pronto un fuego comience a crecer dentro de ti? Yo lo he sentido y siempre es por tu causa. Momentos como ese es cuando siento que mi corazón ya se ha sanado, que no hay dolor, que tu pérdida ya está en paz y que no hay nada más por lo que sufrir ¿Hará la despedida que eso nunca vuelva a suceder, que el calor me abandone y la culpabilidad vuelva? Porque así me siento cuando salgo de este lugar. Con frío y culpable de lo que te pasó, porque no fui capaz de protegerte y de hacer de tu vida algo más, Dios, hacer una vida, una que no alcanzaste a disfrutar por no haberme preocupado más por ti. Me dicen que no me culpe, que no había nada que pudiera hacer, pero siempre hay algo, nunca las posibilidades son tan cerradas para impedir que una chica que tiene tanto por hacer se vaya sin haber cumplido al menos la gran mayoría de ellas, ya me he convencido de eso, siempre se puede hacer algo, yo… no lo hice.

Por esa misma razón, que he de irme. Porque siento que si lo hago y te digo adiós, al fin seré capaz de sentirme tranquilo, porque a fin no me quedaré de brazos cruzados, porque te habré dejado ir, porque lo haré. Porque yo tengo tiempo de sentirme destruido por dentro y volver a recuperarme, pero tú no, al menos es eso lo que creo. Me confundo constantemente. Las creencias que antes eran tan obvias ahora se vuelven confusas, lo que antes era imposible, ahora… me distorsionan todo. Necesito realidad, estrés, trabajo, rutina, algo que no me dé tiempo a pensar en lo que me hace daño. ¿Piensas que eso me hace egoísta?  He intentado que no se vea así, que no sea así y por favor entiéndelo, no te abandono, solo te dejo ir.

¿Te he contado que aún oigo tu voz cuando vengo a este lugar? Sí, aún lo hago, cada vez que me asomo por la pared del cementerio tu voz me guía, quizás sea por esa razón que no me doy cuenta cuando ya estoy aquí. Porque solo basta con cerrar los ojos y dejarme llevar. Pero ahora no es como cuando estabas aquí, se oye diferente, se escucha perfecto. Dejo caer mi cuerpo sobre la losa y solo me dedico a escuchar, a sentir, a vivir y después me siento imbécil al sentir cosas que tú ya no podrás. Pero es inevitable, te prometo que lo intento, pero también eres culpable de eso. Tu voz me hace balancear. De estar de pie juro que ya habría cometido alguna locura, porque cuando te escucho, siento que ya no soy parte de este lugar, porque te envidio, porque escucho como los ángeles hacen un coro profundo a tu voz, se burlan, me sacan en cara el que ellos pueden estar contigo y yo no, me recuerdan que estoy solo, que ya no soy nadie. Y aún después de lo terrible que todo eso pueda oírse, soy capaz de sacar algo bueno, si tu voz se oye tan perfecta, es porque estás bien, porque estas mejor de lo que yo estoy y eso me convence, confirma mi decisión.

Ya no estoy vivo. Aún cuando mi cuerpo se mueva, coma, duerma, no vive. Mi alma se ha ido con la tuya, sin pedírmela, pero sabiendo que si lo hubieras hecho no habría podido negártela. Siempre te perteneció. Yo te la di, tú me dominabas y lo sabíamos y te amé por no aprovecharte de eso y si lo hiciste, pues sencillamente no me di cuenta. Porque ahora entiendo cuando dicen que el amor te ciega. ¿Cómo una palabra tan corta como amor, puede causar tantos estragos en una persona? ¿Es natural? ¿Vale la pena sufrir tanto? Todo esto no tiene sentido y hay veces en que intento buscarlo, porque cuestionar es lo que hacen las personas vivas, porque aunque me sienta muerto por dentro debo fingir estar bien frente a los que siguen aquí, a los que dicen preocuparse por mí. Al menos sé que mi padre lo hace.

No te imaginas cuanto deseo ahora que no me hubieras detenido esa vez que entraste en mi pieza y creíste que acabaría con mi vida, cuanto deseo que no hubiera sido una prueba y que realmente hubiera sido un suicidio, porque de ese modo yo no estaría aquí y tú podrías seguir con tu vida, hacer como que yo nunca existí y volver a ser los tres que en un principio eran. Quizás era el destino, no ser más de tres y yo hice que ese equilibro se viera afectado por no ser capaz de alejarme de lo que en ese momento no fue más que una atracción hacia ti.

Dios, es que no sabes lo que deseo que tomes mi mano y te lleves todo lo que soy, todo lo que queda de mí y dejar de ser un estorbo para todo aquel que me conoce. ¿Por qué somos obligados a permanecer en esta tierra si jamás pedimos venir? Sé que suena infantil, pero los niños son los que se preguntan las cosas más inteligentes y esta es una de ellas. Ya no quiero estar aquí y aún así me quedo por no hacer más daño ¿Es eso justo? ¿Es eso vida para mí? Estoy confundido y solo quiero empezar a desvanecer, a perderme, a dejarme llevar por esa misma luz que te llevó a ti y que no me dejó ver.

- No deberías estar aquí –escucho tu voz, pero me niego a abrir los ojos, sé que mi mente nuevamente está jugando, haciéndome pagar por cada una de las cosas que dejé de hacer. Me niego a elevar mi cuerpo al menos para estar sentado, porque sé que si lo hago cometeré el error de estirar mis brazos para tocarte y al no sentir nada mi alma volverá a romperse y ya no sé si logre soportar más. No me pondré de pie, porque de hacerlo avanzaré varios pasos siguiendo tu voz y solo entraré en la desesperación de lo que nunca volveré a tener.

- Eres tú la que no debería estar aquí –digo rompiendo el silencio, siguiendo un juego horrendo que no hace más que desquiciarme y volverme loco, porque sé que así terminaré- Me iré -digo simplemente como si aquello que había tenido tan planeado fuera pisoteado por dos palabras tan vagas que me avergüenzan.

No te vuelvo a oír, pero es lo que deseo, porque es la única vez que lo hago desde que te fuiste y el hecho de escucharte ahora se me antoja no más que como una señal de que también vienes a despedirte, que aceptas mi decisión y que el que no quisieras que estuviera ahí lo avalara completamente. El calor que siento se hace mucho más fuerte, pero a ese no estoy acostumbrado, no es el mismo de siempre que se aloja en mi corazón cuando venía a velar por tu alma, este es completamente distinto y me tienta, se encapricha en que abra los ojos, pero temo, si tengo miedo, ya no soy el de antes, desde que tú fuiste me hice un cobarde. No, no soy un cobarde, en realidad no quiero darte en el gusto, ya no. Estoy enfadado, quiero decírtelo, decirte que tienes mi mente tan confundida que los sentimientos no saben en qué orden acudir y ahora están todos floreciendo. ¿Te confunde mi mente?

- Hazlo –dices volviendo a hablar- Vete –y me preocupo, porque así es como suena tu voz. Porque es clara y cercana, porque no es la que uno cree tienen los fantasmas que nos visitan, esta vez tu voz suena como si aquel día en Londres no te hubieras marchado y la tentación de abrir los ojos se hace tal que mis párpados se mueven furiosos, pero es mi cuerpo el primero en reaccionar, el que se alza irguiéndose con rapidez, respirando tan aceleradamente como si hubiera llegado a ese lugar en una carrera que me salvaría la vida- Márchate –vuelves a decir, como si me imploraras, como si el tener que hablarme hubiera sido un error y eso me convence a abrir los ojos.

Y entonces lloro. Se siente extraño, porque las lágrimas se vuelven instantáneas, porque esas lágrimas que no derrame antes se ven agolpadas en mis ojos nublándome la vista, pero estoy convencido que eres tú y sonrío. Porque te veo Alexia. Te dije que mis emociones estaban mezcladas, como también te dije que eras la culpable de aquello.

Quiero acercarme, porque estoy seguro que mis dedos si te rozarán, porque estoy seguro que al estirar mis brazos si te rodearán y al acercarte si podré besarte, pedirte disculpas y decirte tantas otras cosas que ahora por temor al tiempo no guardaré jamás para mí, pero tu rostro no me deja, tu expresión me inquieta y me dice que algo está mal, algo más que el hecho de que todo el mundo te creía muerta y ahora en cambio estás aquí frente a mí. Tu mano se eleva y me señala, no, no es a mí. Y es ahí cuando lo entiendo, cuando comprendo por qué querías que me marchara.
Me giro despacio y es cuando dejo de sentir. Cuando siento el dolor, la pérdida, la fatiga, la despedida. Es cuando me doy cuenta que todo aquello no era una despedida para ti, sino para mí, cuando me doy cuenta que ya no es tiempo de preguntarme cómo es que estás aquí, porque sí, ahora sé que estás viva, aunque no entiendo cómo, es aquí cuando me doy cuenta que intentaste advertirme y yo lo dejé ir, perdiendo la oportunidad de volver a estar juntos nuevamente.

Porque ahora lo veo y la luz es blanca, porque ahora ya no estoy vivo.

4 comentarios:

  1. Un fanfic muy triste, pero muy bello por su intimidad. Por los sentimientos que fluyen.

    Me ha gustado!!;-)

    Abrazosss

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  2. Me encanta la poesía con la que está escrito este fanpic. El final es especialmente bello.

    ¡Felicidades!

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  3. Hola!!
    Muchas gracias, de verdad es muy importante para mi saber su opinión, ya que uno siempre se coloca nerviosa cuando los personajes no son de una y son primera vez utilizados.

    De verdad me alegra mucho que les haya gustado. =D

    Saludos

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  4. Me encanto, sin duda la esencia con la que lo hiciste es sensacional, es hermoso, creo que logras plasmar lo que te propusiste con una poesía muy linda y profunda, lo disfrute demasiado la primera vez que lo leí y lo disfrute mucho mas ahora que vuelvo a hacerlo, creo que te quedo espectacular!!!. En final me gusto mucho (:

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