domingo, 20 de octubre de 2013

Capitulo de la primera parte de Oblivion + algunas ilustraciones de inicio de capitulos

Gracias a nuestras amigas de Saga Oblivion y ha Francesc Miralles :3

Cuando abramos las tapas de LA VIDA SECRETA DE LA LUNA, nos encontraremos entre otras cosas con un epílogo. Tras ese epílogo que nos pondrá en situación, llegaremos a estas palabras. 
Disfrutadlas: 

1 “El viejo letrero del Stardust había vuelto a su sitio, lo cual me hizo dudar que Birdy siguiera ocupando el apartamento sobre la gasolinera abandonada. Aquel mismo rótulo había brillado en su dormitorio, donde cegaba la mirada.

Pero ese no era el único cambio en un lugar que, dos meses y medio atrás, había sido un solar vacío por el que campaban las ratas.

La basura y los roedores probablemente seguían allí, pero el camping cerrado había dejado de estar desierto. Al contrario, no quedaba un solo metro de terreno que no estuviera ocupado por tiendas, toldos improvisados, coches y caravanas que parecían rescatados directamente del desguace.

Asombrado, dirigí mi mirada en todas direcciones. Calculé que aquel cercado debía de albergar al menos doscientas personas. El olvidado Stardust se había convertido en algo parecido a un campo de refugiados.

 Los ojos verdes de Ivonne me miraron interrogativos.


 Un anciano pequeño y encorvado que empujaba un carro de la compra lleno de basura nos cortó el paso. Levantó la mirada hacia nosotros con expresión severa y dijo:

 ―Id a casa, chavales. Esto no es un zoo.

 ―¿Qué quiere decir? ―pregunté― Me pregunto si este lugar…

 ―No nos gustan los mirones. Ya es bastante desgracia vivir en la miseria para que vengan hijos de papá a observarnos como si fuéramos monos. Iba a replicarle que nosotros dos no teníamos nada, fuera del sobre que habíamos recibido y una maleta con un par de mudas de otoño. Nada que pudiera llamarse un hogar.

 ―¿Qué hace aquí toda esta gente? ―le preguntó Ivonne― Pensaba que el camping estaba abandonado.

 ―Y lo está. Hace diez años que el Stardust echó el cierre, cuando empezaron a abundar los albergues baratos en Madrid. Ya nadie quería ir a un camping tan alejado del centro.

 El viejo sacó del bolsillo de su chaqueta de pana un cigarro a medio fumar y lo encendió. Tras echar dos bocanadas de humo blanco y pastoso, siguió hablando:

 ―Nadie que veas aquí está de vacaciones. Son familias que han perdido sus casas y pobres diablos como yo que no tenemos donde vivir. Han habido un par de amenazas de desalojo, pero los políticos lo frenaron. Es más práctico y manejable tenernos aquí que mendigando por la Gran Vía o en la Plaza Mayor.

 ―¿Sigue aquí Birdy? ―pregunté, muy impresionado por la transformación del lugar― La última vez que vine había una chica joven que vivía sobre la gasolinera.

 ―Pregunta a Tariq y a sus hermanos.

 ―¿Quiénes son?

 ―Los que llevan la tienda. Viven justo encima. Sin salir de mi estupor, di las gracias al anciano y me encaminé con Ivonne hacia la vieja gasolinera. Continuaba seca de combustible, pero la tienda vacía y devastada se había convertido en un pequeño supermercado regentado por paquistaníes.

 Sobre este, un niño pequeño asomaba por la ventana del que había sido el apartamento de Birdy. Nos gritó algo en su idioma mientras entrábamos en el colmado.

 Un hombre delgado de tez morena estaba recostado en una silla tras el mostrador. Sus ojos no se movían de un televisor estridente que emitía una telenovela asiática.

 Al vernos entrar, se enderezó de repente y nos recibió con una sonrisa radiante.

 ―Buenas tardes, vengo buscando a Birdy.

 ―No tenemos de eso, señor. ―Sus dientes relucieron como un anuncio de Colgate―. Lo siento. 

―Bridget ―insistí―. Vivía aquí arriba hace un par de meses. Me mandó incluso un sobre…

 El paquistaní se encogió de hombros y volvió a fijar la mirada en el televisor. Aquello significaba: «Lo siento, chico, no puedo ayudarte. De hecho, ni siquiera sé de qué me estás hablando. Lárgate de una vez».

 Salimos de allí totalmente desconcertados. El único lugar donde podíamos pedir refugio se había convertido en un campamento de desesperados con tienda incluida.

 Ivonne me miró, aturdida, y dijo:

 ―¿Y ahora qué, Sasha?”

Y las ilustraciones...

Regreso a Stardust



Bricklane:


Luna 3:

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